Escuchar las experiencias para impulsar cambios reales en el día mundial de la salud mental

Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una jornada internacional destinada a aumentar la concienciación sobre los problemas de salud mental y movilizar esfuerzos para mejorar su atención en todo el mundo.

En 2026, la Organización Mundial de la Salud ha elegido como lema “Lived experiences heard: real voices, real change” «Experiencias vividas escuchadas: voces reales, cambios reales». El mensaje pone el foco en algo fundamental: las personas que han vivido un problema de salud mental no deben ser únicamente receptoras de asistencia o protagonistas de testimonios. Su conocimiento y experiencia también pueden contribuir a transformar la manera en que entendemos, diseñamos y prestamos la atención en salud mental. 

La dimensión del desafío sigue siendo enorme. Según los últimos datos globales publicados por la OMS, más de mil millones de personas viven con alguna afección de salud mental. Estas condiciones afectan a personas de todas las edades y niveles de ingresos y se encuentran entre las principales causas de discapacidad en el mundo. 

La salud mental, además, no puede reducirse únicamente a la presencia o ausencia de un diagnóstico. La OMS la define como un estado de bienestar mental que permite afrontar las situaciones de estrés de la vida, desarrollar las propias capacidades, aprender, trabajar y contribuir a la comunidad. También reconoce que nuestra salud mental está condicionada por una combinación de factores individuales, familiares, comunitarios y estructurales. World Health Organization

Esto implica que cuidar la salud mental requiere prevención, información y atención sanitaria, pero también entornos sociales que reduzcan el aislamiento, la discriminación y el estigma.

Escuchar no es suficiente: hay que hacer posible la participación

El mensaje de 2026 introduce una reflexión especialmente relevante.

Durante años se ha insistido, con razón, en la necesidad de escuchar a quienes viven con depresión, ansiedad u otros problemas de salud mental. Pero la OMS plantea ahora ir más allá: escuchar una historia personal no equivale necesariamente a dar participación a esa persona.

Las personas con experiencia vivida pueden identificar obstáculos que no siempre son visibles desde la perspectiva exclusivamente profesional o institucional. Por eso, su conocimiento puede ayudar a diseñar servicios más cercanos a las necesidades reales de quienes los utilizan. World Health Organization

Los datos muestran que todavía queda camino por recorrer. Entre los países que respondieron al Mental Health Atlas 2024 de la OMS, solo el 45 % declaró mantener una colaboración continuada con personas con experiencia vivida y grupos de familiares o cuidadores para planificar, prestar o supervisar servicios relacionados con la promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación en salud mental.

Dar voz significa, por tanto, escuchar. Pero conseguir un cambio real implica también permitir participar, proponer, cuestionar y contribuir a las decisiones.

Este enfoque no sustituye al conocimiento de psicólogos, psiquiatras, médicos, investigadores y otros profesionales. Lo complementa.

La evidencia científica y la experiencia profesional son imprescindibles para una atención de calidad. Pero la experiencia de quien ha atravesado una depresión, ha buscado ayuda, ha convivido con un trastorno mental o ha encontrado dificultades para acceder al sistema proporciona otro tipo de conocimiento.

La propia OMS insiste en una cuestión importante: ninguna persona puede hablar en nombre de todas las personas con problemas de salud mental. Las experiencias son diversas y deben ser tratadas como tales. World Health Organization
Incorporarlas adecuadamente significa construir servicios con las personas y no limitarse a diseñarlos para ellas.

¿Y qué ocurre en España?

Los datos del Barómetro Sanitario 2025 del Ministerio de Sanidad ayudan a dimensionar la necesidad de atención en nuestro país. El 19,9 % de la población encuestada manifestó haber necesitado consultar a un profesional sanitario durante los 12 meses anteriores por un problema de salud mental o por malestar psicológico o emocional. Entre quienes recibieron atención, el 51,1 % señaló haber sido atendido principalmente en la sanidad pública y el 41,9 % en la privada. 

Estos datos no equivalen a prevalencia de trastornos mentales, pero sí reflejan una demanda significativa de apoyo psicológico, emocional o psiquiátrico.

Por eso, hablar de salud mental también significa hablar de acceso, recursos, prevención, continuidad asistencial y capacidad para escuchar las necesidades de quienes buscan ayuda.

El compromiso de la Fundación ANAED

En Fundación ANAED conocemos especialmente la realidad de las personas que conviven con la depresión y la de sus familias.

Escuchar sus experiencias nos permite comprender mejor cuestiones que las estadísticas por sí solas no pueden mostrar: lo difícil que puede resultar reconocer que se necesita ayuda, explicar lo que se siente, encontrar el profesional adecuado, mantener un tratamiento o sentirse comprendido por el entorno.

Nuestra labor parte de esa realidad para ofrecer información, sensibilización, orientación y acceso a asistencia psicológica, además de recursos que ayuden a comprender mejor la depresión y la salud mental.

También creemos que las personas afectadas deben tener espacios seguros en los que puedan expresarse sin que su experiencia sea juzgada, trivializada o reducida a una etiqueta.

De las voces reales a los cambios reales

Este 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental nos propone una idea sencilla, pero exigente: no basta con hablar sobre las personas; debemos aprender a hablar y construir con ellas.

Escuchar puede combatir el estigma. La experiencia puede revelar necesidades que permanecían ocultas. La participación puede ayudar a mejorar los servicios. Y una atención profesional, accesible y centrada en cada persona puede cambiar vidas.

En Fundación ANAED nos sumamos al mensaje de este Día Mundial de la Salud Mental: escuchemos las experiencias. Demos espacio a las voces reales. Convirtamos esa escucha en cambios reales.

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